domingo, 3 de agosto de 2014

El nombre del viento

«Viajé, amé, perdí, confié y me traicionaron».

En una posada en tierra de nadie, un hombre se dispone a relatar, por primera vez, la auténtica historia de su vida. Una historia que únicamente él conoce y que ha quedado diluida tras los rumores, las conjeturas y los cuentos de taberna que le han convertido en un personaje legendario a quien todos daban ya por muerto: Kvothe... músico, mendigo, ladrón, estudiante, mago, héroe y asesino.

Ahora va a revelar la verdad sobre sí mismo. Y para ello debe empezar por el principio: su infancia en una troupe de artistas itinerantes, los años malviviendo como un ladronzuelo en las calles de una gran ciudad y su llegada a una universidad donde esperaba encontrar todas las respuestas que había estado buscando.



     Me llamo Kvothe, que se pronuncia «cuouz». Los nombres son importantes porque dicen mucho sobre la persona. He tenido muchos más nombres de los que nadie merece.
     Los Adem me llaman Maedre. Que, según cómo se pronuncie, puede significar la Llama, el Trueno o el Árbol Partido.
     La Llama es obvio para todo el que me haya visto. Tengo el pelo de color rojo intenso. Si hubiera nacido hace un par de siglos, seguramente me habrían quemado por demonio. Lo llevo corto, pero aún así me cuesta dominarlo. Si lo dejo a su antojo, se me pone de punta y parece que me hayan prendido fuego.
     El Trueno lo atribuyo a mi potente voz de barítono y a la instrucción teatral que recibí a temprana edad.
     El Árbol Partido nunca lo he considerado muy importante. Aunque, pensándolo bien, supongo que podríamos considerarlo al menos parcialmente profético.
     Mi primer mentor me llamaba E'lir porque yo era listo y lo sabía. Mi primera amante me llamaba Dulator porque le gustaba cómo sonaba. También me han llamado Shadicar, Dedo de Luz y Seis Cuerdas. Me han llamado Kvothe el Sin Sangre, Kvothe el Arcano y Kvothe el Asesino de Reyes. Todos esos nombres me los he ganado. Los he comprado y he pagado por ellos.
     Pero crecí siendo Kvothe. Una vez mi padre me dijo que significaba «saber».
     Me han llamado de muchas otras maneras, por supuesto. La mayoría eran nombres burdos, aunque muy pocos eran inmerecidos.
     He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y escrito canciones que hacen llorar a los bardos.
     Quizá hayas oído hablar de mí.

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Es dificil describir este libro con palabras. Cualquier persona aficionada a leer diría que es algo completamente fuera de lo común, y que, a pesar de su densidad, se lee rápido. Pero, en mi opinión, es una maldita obra maestra. Patrick Rothfuss tiene un estilo magistral, sabe manejar las palabras para provocar en el lector los sentimientos que él quiere, sabe colocar los párrafos de manera que la lectura enganche y seas incapaz de parar, sabe intercalar las diferentes personas narrativas para conferir al relato ese toque de realidad que todas las buenas historias necesitan. En definitiva, sabe escribir (y eso no es algo de lo que puedan presumir muchos de los que ahora publican en las grandes -y pequeñas- editoriales).

Leed.

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