martes, 10 de julio de 2012

El libro de las cosas perdidas

Sobre todo lo que se perdió y todo lo que se encontró.

Hace mucho que no hago una reseña, ¿verdad? Sí, tenéis razón, pero es que esta ocasión lo merece. Y la ocasión de la que hablo tiene nombre, y autor.
Se trata de El libro de las cosas perdidas, de John Connolly. 

Este libro es una de las mejores obras que he leído, tengo que admitirlo. Su tema principal es la fantasía, un mundo fantástico en el que se mezclan cuentos y aventuras, pero contadas desde otro punto de vista diferente del habitual. También trata la muerte de un ser querido, el miedo a la pérdida, la pena cuando ésta sucede, la tristeza y la rabia de sentirse desplazado en tu propia familia... Y muchas cosas más que sería imposible enumerarlas todas.
La historia está ambientada en la Segunda Guerra Mundial, en Londres. Los alemanes atacan, los niños deben huir de la ciudad y mudarse al campo, los adultos deben cooperar para defenderse, bombardeos, fábricas destrozadas, muertes... El lenguaje del libro es sencillo, narrado en tercera persona, con la estructura de un cuento. 
En realidad, es un cuento, pero es un cuento para adultos, no para niños.

Esta historia trata de un niño que pierde a su madre a causa de una enfermedad que se la lleva poco a poco, causándole un dolor insoportable que le impedía levantarse de la cama. David, que es como se llama el niño, lleva a cabo una serie de rutinas (realmente absurdas) para mantener a su madre con vida. Pero, aunque las realiza, su madre muere. El niño no deja sus rutinas, sino que se convence que si deja de hacerlas algo malo le sucederá a su padre. Pocos meses después de la muerte de su madre, una mujer se inmiscuye en la vida de David, Rose, la amante de su padre. Con el tiempo, Rose y el padre de David se casan y ella se queda embarazada, dando a luz, tiempo después, a un bebé al que llaman Georgie. David, que había empezado a sufrir ataques en los que abandonaba su mundo y entraba en otro, en el mundo de su fantasía, puede escuchar los susurros de los libros, que le hablan. Éstos susurros se hacen más audibles cuando David y su padre se mudan a la casa de Rose, y a David le dan la habitación del ático, donde quedan los libros de un niño perdido que vivió allí hacía muchos años. Cuando llegan allí, la rabia que David sentía hacia Rose crece, ya que, según el niño, ésta quiere usurpar el lugar de su madre. También siente envidia y celos hacia su pequeño hermanastro, el pequeño Georgie, porque siente que su padre le ha apartado al nacer él. Se abandona a sus libros, sus historias, que su madre siempre le decía que estaban vivas en otros mundos, pero que deseaban que alguien les diera vida en este. 

La madre de David menciona algo que me llamó mucho la atención. Según ella, las historias de los libros odian a las de los periódicos, porque éstas no son más que historias que, cuando los periódicos llegan a los quioscos, ya están pasadas. En cambio, las historias de los libros nunca caducan, porque la imaginación siempre está ahí, esperando que alguien la dé forma de historia o que la alimenten con más historias fantásticas. Me apetecía mencionar este detalle, ya que me pareció uno de los pilares fundamentales del libro. 
Sigo con la historia, ¿no?

Los ataques continúan, y el padre de David le tiene que llevar al psiquiatra. En este punto también hay algo que me gustaría comentar. El médico le pide a David que dibuje una casa, y él lo hace. Empieza con un lápiz, detallando las paredes, las ventanas y el tejado, con tejas incluidas. Pero antes de que acabe el médico lo para y le pregunta que por qué no ha utilizado color, a lo que David le contesta que iba a hacerlo, que iba a pintar las tejas de rojo. El médico queda extrañado y David tiene que explicarle que las tejas son lo más importante, ya que si no hay tejas la lluvia entraría en la casa, y que en casa no solemos utilizar ropa de lluvia, así que nos sentiríamos incómodos al mojarnos. Me impactó mucho esa conversación y el raciocinio del niño. 
Pero me estoy yendo por las ramas.

Una noche, David escucha la voz de su madre, diciéndole que sigue viva y pidiéndole que vaya a salvarla. David sigue la voz hasta una grieta que hay en un jardín hundido, en la parte de atrás del patio de la casa, y se mete por ella. Pero tras él le sigue un avión, un bombardero alemán, provocando que todo se derrumbe y no pueda salir de ella. Supongo que David se desmayó en ese instante, quedando inconsciente. Pero eso es algo que yo supuse, porque en el libro David encuentra otro mundo al otro lado de la grieta, un mundo en el que las cosas son extrañas, los mayores miedos de la gente pueden hacerse realidad y donde un hombre encorvado, al que él llama el Hombre Torcido, o el Tramposo, como lo llaman otros, lo persigue, con las palabras "Bienvenido Majestad, ¡viva el nuevo rey!"
En este Otro Lugar, David aprende muchas cosas, cosas que le harán madurar y convertirse en un adulto. En este otro mundo existen variaciones de muchos cuentos populares, como Caperucita Roja, Hansel y Grettel, La Bella y la Bestia o La pastora de ocas, historias que le cuentan algunos personajes. Pero también hay otras variaciones de cuentos, variaciones que conoce él mismo, como el cuento de Los tres cabritos, Blancanieves y los siete enanitos, Ricitos de oro y los tres osos, Los tres cirujanos del ejército, La Bella Durmiente, etc.
Este nuevo mundo no es más que un recorrido por la imaginación de David, quien había leído muchos libros y, al desmayarse, se abandonó a él. Pero también es un recorrido por el periodo de transición de niño a adulto y sus miedos, una explicación que da el autor al final del libro.

Me ha parecido interesante la visión que nos da el autor de esa transición que conocemos como madurez, ya que utiliza un lenguaje muy sencillo y nos ofrece un cuento para adultos que nos hace recordar con cariño los cuentos de nuestra infancia.

Os lo recomiendo.

Porque en cada adulto mora el niño que fue, y en cada niño espera el adulto que será.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Opina lo que quieras, acepto críticas y la mayor parte de las veces las llevo a la práctica.
Si no te gusta no sé qué haces por aquí, y menos qué haces comentando.
Gracias por leerme.